Tendré que empezar a hacer memoria, y retrotraerme a tiempos remotos.
Reconozco, que desde bien pequeñito siempre me gusto el deporte, aunque no cualquier deporte, no. Los juegos de pelota nunca seme dieron bien, se necesita cierta habilidad de la cual yo no poseo. En el colegio, a la hora del recreo, cuando casi todos los niños jugaban al futbol ,correteando toda la clase detrás de un balón , (solo estaban en su sitio los porteros, el resto pegados al balón) Je je, menudos fieras!!, pues digo, que mientras jugaban ellos, otros dos amigos y yo nos quedábamos en otro patio más pequeñito jugando a los cromos, la peonza, el churro media manga yo que se… Lo que estaba de moda en aquel momento. Qué bien lo pasábamos.
Recuerdo un día, tendría 8 años más o menos, vi por el barrio gente que hasta entonces jamás había visto, gente que iba disfrazada de una manera que yo nunca antes pude ver, llevaban chándal , chándal azules, con tres rayas blancas, que era lo que por aquel entonces existía, todos llevaban unas zapatillas, con las cuales, yo imaginaba que me las calzaba y empezaría a correr hasta dar caza a los veloces coches. Tenían que ser geniales!!, además eran preciosas.
Rápidamente se lo conté a mi madre, y fue ella quien me dijo que era una carrera, una maratón o algo así. Recuerdo que me calcé mis Tórtolas azules de lona, cogí a mi madre de la mano y empecé a correr tirando de ella hacia la multitud, hacia donde estaban todas esas personas reunidas en una explanada multicolor. Toda la puesta en escena me llamo mucho la atención, me parecía lo mejor que me había pasado en mi vida, yo quería ser uno más de todos los que allí se reunían, yo quería correr, ganarlos a todos.
Que decepción más grande me llevé aquel día, ahora recordándolo, quizá ese fuera el primer encontronazo con la dura realidad de la vida. Estaba mi madre hablando con alguien de la organización para hacer mi inscripción, esa persona la dijo que yo no podía correr, que era muy pequeño, que no sería bueno correr con esas personas tan mayores…. Yo no podía entender nada, y ante tal impotencia rompí a llorar y me fui corriendo para casa.
Solo me queda saber lo que mi madre sintió aquel día, la verdad es que nunca se lo pregunte. Lo haré en breve, porque aun estoy a tiempo, y a ella, seguro que la gusta mucho que recordemos los dos juntos, aquellos años setenta.
Como me gustaba la bici, ese sí que era mi deporte preferido. Que digo deporte!! , era mi medio de transporte, mi vehículo para jugar a los Hombres de Harrelson , a las persecuciones, a pegar saltos por los montones, echar carreras con los amigos del barrio… Siempre me pregunté porque no me dejarían ir al colegio en bici, como en las películas Americana.
Con diez añitos más o menos, me entere que en mi barrio, para las fiestas, se iba a hacer una carrera ciclista. ¿Cómo, una carrera ciclista?, ¡YO QUIERO IR!, ¿QUE TENGO QUE HACER, DONDE ME APUNTO? Nervioso perdido, me puse a preparar mi vieja GAC, la quite los guardabarros y el guardacadenas, me fui a un viejo alquiler de bicicletas de otro barrio, en el cual, tenían amontonados miles de piñones, de cadenas, de manillares, de cambios… todo ello, no era más que chatarra, pero yo encontré lo que quería. Un manillar de carreras, y un piñón de tres coronas. Era genial, estaba loco por llegar a casa y montarlo todo. No sé como lo hice, ni tampoco recuerdo con que herramientas, pero la máquina estaba empezando a tener forma, por supuesto que no tenía cambio, simplemente tenía que elegir una de las tres coronas y engranar la cadena, era como la decisión de elegir neumáticos en F1, Si elegía el piñón más pequeño, y había cuesta, pues muy mal fatal. En fin.
A la semana siguiente, un día a las siete de la tarde de un mes de Junio, me fui al mercado del barrio, que es donde se daba la salida. En la línea de salida estábamos todos los niños, aquí sí que separaron las categorías, los mayores y los niños, calculo que las edades de los niños eran de 5 a 14 años, ahora sí que estábamos igualados, competía con gente de mi edad, je je.
Bocinazo de salida, rápidamente, me pongo en las primeras posiciones, pero recuerdo que un chico, con una bici de carreras de verdad, y con su maillot y culote, me empezó a sacar metros y pronto deje de verle. Da igual, rápidamente me vi solo, empecé a soñar, creía que estaba en la vuelta a España, la gente me animaba…Todo era fantástico, hasta el sufrimiento. Cuando llegue a la meta, exhausto, me dijeron que era el segundo. POCAS VECES HE SENTIDO NADA IGUAL.
Estos son mis comienzos en estas dos disciplinas, me queda contar como empecé a nadar, esto fue más sencillo. Fue un verano, en la finca de mis abuelos en Navalmoral de la Mata, allí tenemos una pequeña charca dentro de la finca, yo le dije a mi abuelo, que quería aprender a nadar. Mi abuelo, que era un tío emprendedor, hoy sería un temerario, ni corto ni perezoso me cogió y nos fuimos a la charca, después de algún traguito de agua que hoy ,nada más pensarlo ya me pongo malo, ¡¡ lo que pude coger… ¡!Rápidamente, empecé a flotar y a desplazarme poquito a poco. Prueba superada, YA ERA TARZÁN DE LOS MONOS.